miércoles, 22 de octubre de 2014

TAN ENTREGADO ESTUVE YO (Pedro Prado, 1886-1952)



Tan entregado estuve yo a la muerte,
Tanto me despidiera de este mundo,
Que ya, sano otra vez, hoy me confundo
Al no saber gozar mi antigua suerte.

Me veo entre los hombres solo y fuerte,
Más sabio en el amor y más profundo
En el pensar; pero ¡ay!, a un moribundo,
Si regresa, no habrá quien le despierte.

Yo soy como un viajero defraudado,
Contemplando su barco que se aleja:
Todo él es un clamor y está callado.
Cuando mudo regreso, paso a paso,
Al recordar mi barco, aquel ocaso
Para siempre en mis ojos se refleje.

lunes, 6 de octubre de 2014

LA MESA DE LA TIERRA (Efraín Barquero, 1931)


 

 
 
 …No es una mesa, es una piedra. Tócala en la noche.
 
Tócala y pídele que vuelva a ser ella misma
 
porque si no existiera, no podríamos tocar
 
el sol con una mano y la luna con la otra.
 
Y comeríamos a oscuras como los ratones el grano.
 
(la mesa servida / La mesa de la tierra)
 

 
 
 …Si la mesa está puesta es que alguien va a venir.
 
No la has visto surgir de la oscuridad
 
iluminada sólo por el brillo de las copas
 
y el color de sal fresca de todas las mesas ?
 
Y es más bella que en el día más esperado
 
porque la ves con los ojos de un niño que ha crecido…
 
(la mesa servida / La mesa de la tierra)
 

 

martes, 16 de septiembre de 2014

ANTROPOLOGÍA CULTURAL (Alfredo Lavergne, 1951)


Los que huyen Los emigrantes 
Los expatriados
Los refugiados Los desterrados Los transmigrados
Y sus inventos
Hacen su aparición en el Viejo Mundo
En el Nuevo Mundo En el Nuevo Orden Mundial
Y en el año 90.000 después de J.C.
Un habitante subdesarrollado
De esa naturaleza Analítica o cientifista
Insistirá en las coincidencias
Entre ellos y nosotros.
Que nuestra cabeza es alta
Que nuestro cráneo está dividido en pequeñeces
De pómulos sobresalientes
De superciliar marcado
Y por la mandíbula y dientes de nuestro período
Especulará en la semejanza
Con las necesidades vitales de su sacerdocio.


lunes, 1 de septiembre de 2014

Canción a una muchacha ajedrecista muerta (Miguel Arteche, 1926-2012)

Llueve sobre el verano del tablero. 
En blanco y negro llueve sobre ti.
Nadie controla tu reloj: te espero
para jugar allí.

¿Tú mueves o yo muevo? Quién lo sabe.
Quién sabe si allá juega o juega aquí.
De pronto tu tablero es una nave
que te lleva y nos lleva hacia un jardín.

Hacia un jardín remoto de caballos
que inmóviles nos miran, y a un alfil
que negro lanza rayos, rayos, rayos,
y hace mil años que está de perfil.

Hacia un jardín remoto de tres torres
donde una dama blanca va hacia ti,
te llama a ti, y tú hacia ella corres
y no hay en ella fin.

Donde un peón ha roto ya los sellos
y te ciñe las sienes de marfil,
y un rey recoge ahora tus cabellos
para cubrir con ellos su país.

Hacia un jardín remoto al mediodía,
donde el agua se tiende en su dormir,
y ya no hay sed y nunca hay todavía
y hay un árbol de sol en el jardín.

Sólo que tú no estás. Y está la luna
cayendo interminable en el jardín
sobre las soledades de una cuna.
Y hay olor de silencio y de partir.

miércoles, 30 de julio de 2014

AFUERA SOBRE LOS LLAMPOS (Carmen Berenguer, 1946)

Marcial lamento de las horas 
transito por un rostro
sin marcas ni pliegues
simulando tus labios
ese gesto

Los ojos vueltos
en el viento escrito: Ondas
La mar pues bramando: Llama
al ojo que le sonríe
por el ojo que dice
al otro ojo
porque los ojos fueron sacados
mamita
para que nunca vieran


martes, 24 de junio de 2014

A FEDERICO GARCÍA LORCA (Ronald F. Finkenberger, 1986)


Era en él la cósmica alegría,
el alado corazón, la cascada cristalina
de jazmines el gentil perfume,
geranios luminosos de provincia.
Que llevaba el día en el cinto,
un trovador silvestre cantaría.
Que en él estaban la gracia y el genio
el dueño de las olas confesaría.
¡Ah! Mataron a Federico los fusiles
que a los niños dormían en Granada,
mataron a Federico y no hay quien quite
la sangre y el llanto en las guitarras de España.
Desiertas han quedado las plazas de Madrid,
el Guadalquivir cubierto de fuego en sus aguas,
porque el cisne más hermoso canto hasta morir
se desangran por la noche naranjas valencianas.
Ahora vaga radiante por entre flores azules,
con las que grillos honran su senda de plata.
Ahora está tan lejos, lejos, Generales traidores:
No hubo valiente que blandiera su espada.
Me inclino a tus ojos, secos ya en la tierra,
hermano de palomas, romántico gitano.
Me inclino a tu canto miedo de la guerra,
para que al fin puedas iluminar mi mano.
Desiertas han quedado las plazas de Madrid,
el Guadalquivir cubierto de fuego en sus aguas,
porque el cisne más hermoso canto hasta morir
se desangran por la noche naranjas valencianas.
¡Ah! Mataron a Federico los fusiles
que a los niños dormían en Granada,
mataron a Federico y no hay quien quite
la sangre y el llanto en las guitarras.

domingo, 25 de mayo de 2014

POEMA APOCALÍPTICO FINAL (Alexis Figueroa, 1957)





En la escena aparece una palabra no muy grande.
Es verde claro y arranca por la selva tropical
La selva es verde oscura, está llena de ruidos.
En las alturas los pájaros se refugian en sus nidos.
Aparece otra palabra aún más grande.
"Didascalia"puede ser, o "calipigia".
(También es verde clara y contra el fondo
se distingue con gran dificultad).
Lianas, enredaderas, árboles y arbustos,
orquídeas, aborígenes, animales que dan susto.
La palabra chica arranca de la palabra grande.
Ruidos de persecución, chillido y grito.
Cae la noche lentamente en el abismo tropical.
La palabra grande atrapa a la pequeña por la pata.
La palabra grande se solaza como gato entre las ratas.
La palabra grande engulle una vocal con parsimonia,
mientras descansa echada en un tronco milenario.
La palabra grande se sienta en un escaño,
mientras mira por la tarde la TV.
(Y usa una servilleta cuadrillé).
Su digestión tiene la forma de un soneto,
derivado de las artes del panfleto.
Con un palito escarba en el cadáver de la palabra chica,
yacen letras aplastadas bajo la gigantesca pata.
Ella, indiferente, se baña en los géiseres de luna,
después se envuelve en una albina bata.
"Corten" dice el director, "todo está malo".
"No saben actuar" les asegura.
Ahora las palabras caminan abrazadas,
buscando un bar para olvidar.
Penetran en un tugurio miserable. Piden vino.
"Trae trago" dice una, "trae trago Marcelino".
Les traen un pequeño monosílabo crocante,
que la mayor coge delicadamente, con sus guantes.
(Comen en silencio: caníbales degustando un canapé).
Piden pan, más vino y ensaladas:
se sienta entre los dos una palabra con pestañas
encrespadas.
Pide fuego. Las palabras sacan fósforos.
La palabra saborea lentamente una chupada.
Más tarde las palabras sentadas a la mesa,
ríen dando muestras de embriaguez.
Han olvidado su fracaso como actores.
Y regresan muy contentas al laberinto circular.