lunes, 1 de septiembre de 2014

Canción a una muchacha ajedrecista muerta (Miguel Arteche, 1926-2012)

Llueve sobre el verano del tablero. 
En blanco y negro llueve sobre ti.
Nadie controla tu reloj: te espero
para jugar allí.

¿Tú mueves o yo muevo? Quién lo sabe.
Quién sabe si allá juega o juega aquí.
De pronto tu tablero es una nave
que te lleva y nos lleva hacia un jardín.

Hacia un jardín remoto de caballos
que inmóviles nos miran, y a un alfil
que negro lanza rayos, rayos, rayos,
y hace mil años que está de perfil.

Hacia un jardín remoto de tres torres
donde una dama blanca va hacia ti,
te llama a ti, y tú hacia ella corres
y no hay en ella fin.

Donde un peón ha roto ya los sellos
y te ciñe las sienes de marfil,
y un rey recoge ahora tus cabellos
para cubrir con ellos su país.

Hacia un jardín remoto al mediodía,
donde el agua se tiende en su dormir,
y ya no hay sed y nunca hay todavía
y hay un árbol de sol en el jardín.

Sólo que tú no estás. Y está la luna
cayendo interminable en el jardín
sobre las soledades de una cuna.
Y hay olor de silencio y de partir.

miércoles, 30 de julio de 2014

AFUERA SOBRE LOS LLAMPOS (Carmen Berenguer, 1946)

Marcial lamento de las horas 
transito por un rostro
sin marcas ni pliegues
simulando tus labios
ese gesto

Los ojos vueltos
en el viento escrito: Ondas
La mar pues bramando: Llama
al ojo que le sonríe
por el ojo que dice
al otro ojo
porque los ojos fueron sacados
mamita
para que nunca vieran


martes, 24 de junio de 2014

A FEDERICO GARCÍA LORCA (Ronald F. Finkenberger, 1986)


Era en él la cósmica alegría,
el alado corazón, la cascada cristalina
de jazmines el gentil perfume,
geranios luminosos de provincia.
Que llevaba el día en el cinto,
un trovador silvestre cantaría.
Que en él estaban la gracia y el genio
el dueño de las olas confesaría.
¡Ah! Mataron a Federico los fusiles
que a los niños dormían en Granada,
mataron a Federico y no hay quien quite
la sangre y el llanto en las guitarras de España.
Desiertas han quedado las plazas de Madrid,
el Guadalquivir cubierto de fuego en sus aguas,
porque el cisne más hermoso canto hasta morir
se desangran por la noche naranjas valencianas.
Ahora vaga radiante por entre flores azules,
con las que grillos honran su senda de plata.
Ahora está tan lejos, lejos, Generales traidores:
No hubo valiente que blandiera su espada.
Me inclino a tus ojos, secos ya en la tierra,
hermano de palomas, romántico gitano.
Me inclino a tu canto miedo de la guerra,
para que al fin puedas iluminar mi mano.
Desiertas han quedado las plazas de Madrid,
el Guadalquivir cubierto de fuego en sus aguas,
porque el cisne más hermoso canto hasta morir
se desangran por la noche naranjas valencianas.
¡Ah! Mataron a Federico los fusiles
que a los niños dormían en Granada,
mataron a Federico y no hay quien quite
la sangre y el llanto en las guitarras.

domingo, 25 de mayo de 2014

POEMA APOCALÍPTICO FINAL (Alexis Figueroa, 1957)





En la escena aparece una palabra no muy grande.
Es verde claro y arranca por la selva tropical
La selva es verde oscura, está llena de ruidos.
En las alturas los pájaros se refugian en sus nidos.
Aparece otra palabra aún más grande.
"Didascalia"puede ser, o "calipigia".
(También es verde clara y contra el fondo
se distingue con gran dificultad).
Lianas, enredaderas, árboles y arbustos,
orquídeas, aborígenes, animales que dan susto.
La palabra chica arranca de la palabra grande.
Ruidos de persecución, chillido y grito.
Cae la noche lentamente en el abismo tropical.
La palabra grande atrapa a la pequeña por la pata.
La palabra grande se solaza como gato entre las ratas.
La palabra grande engulle una vocal con parsimonia,
mientras descansa echada en un tronco milenario.
La palabra grande se sienta en un escaño,
mientras mira por la tarde la TV.
(Y usa una servilleta cuadrillé).
Su digestión tiene la forma de un soneto,
derivado de las artes del panfleto.
Con un palito escarba en el cadáver de la palabra chica,
yacen letras aplastadas bajo la gigantesca pata.
Ella, indiferente, se baña en los géiseres de luna,
después se envuelve en una albina bata.
"Corten" dice el director, "todo está malo".
"No saben actuar" les asegura.
Ahora las palabras caminan abrazadas,
buscando un bar para olvidar.
Penetran en un tugurio miserable. Piden vino.
"Trae trago" dice una, "trae trago Marcelino".
Les traen un pequeño monosílabo crocante,
que la mayor coge delicadamente, con sus guantes.
(Comen en silencio: caníbales degustando un canapé).
Piden pan, más vino y ensaladas:
se sienta entre los dos una palabra con pestañas
encrespadas.
Pide fuego. Las palabras sacan fósforos.
La palabra saborea lentamente una chupada.
Más tarde las palabras sentadas a la mesa,
ríen dando muestras de embriaguez.
Han olvidado su fracaso como actores.
Y regresan muy contentas al laberinto circular.


jueves, 24 de abril de 2014

LA PIEDRA (Damsi Figueroa, 1976)



................Para Alejandra Pizarnik


Yo se porque te duele
atraer con furia la piedra hasta los dientes
y arrojarla después como si nada
a la danza magnética donde acaba el milagro

Con el tiempo te has vuelto ciega
Encandiláronte los verbos
la incandescencia de los versos dolorosos
Te paralizaron las alimañas palabreras
el susurro esquizofrénico de la naturaleza del hombre

Yo sé que tu lamento no cesará jamás
porque tu hambre es mi hambre
y el pan que buscaste, ese pan se hizo carne
se hizo fuego imposible de llevarse a la boca.

viernes, 28 de marzo de 2014

PIES QUE DEJÉ EN PARÍS (Enrique Lihn, 1929-1988)


Pies que dejé en París a fuerza de vagar
religiosamente por esas calles sombrías
La ciudad me decía no eres nada
a cada vuelta de sus diez mil esquinas
y yo: eres bella, a media legua, hundiéndome
otro poco en el polvo deletéreo:
nieve a manera de retribución,
y en la boca un sabor a papas fritas.

sábado, 1 de marzo de 2014

SOMOS CINCO MIL (Víctor Jara, 1932-1973)

 
Somos cinco mil aquí.
En esta pequeña parte de la ciudad.
Somos cinco mil.
¿Cuántos somos en total
en las ciudades y en todo el país?
Somos aquí diez mil manos
que siembran y hacen andar las fábricas.
¡Cuánta humanidad
con hambre, frío, pánico, dolor,
presión moral, terror y locura!
Seis de los nuestros se perdieron
en el espacio de las estrellas.
Un muerto, un golpeado como jamás creí
se podría golpear a un ser humano.
Los otros cuatro quisieron quitarse todos los temores,
uno saltando al vacío,
otro golpeándose la cabeza contra el muro,
pero todos con la mirada fija de la muerte.
¡Qué espanto causa el rostro del fascismo!
Llevan a cabo sus planes con precisión artera sin importarles nada.
La sangre para ellos son medallas.
La matanza es acto de heroísmo.
¿Es éste el mundo que creaste, Dios mío?
¿Para esto tus siete días de asombro y trabajo?
En estas cuatro murallas sólo existe un número que no progresa.
Que lentamente querrá la muerte.
Pero de pronto me golpea la consciencia
y veo esta marea sin latido
y veo el pulso de las máquinas
y los militares mostrando su rostro de matrona lleno de dulzura.
¿Y Méjico, Cuba, y el mundo?
¡Qué griten esta ignominia!
Somos diez mil manos que no producen.
¿Cuántos somos en toda la patria?
La sangre del Compañero Presidente
golpea más fuerte que bombas y metrallas.
Así golpeará nuestro puño nuevamente.
Canto, que mal me sales
cuando tengo que cantar espanto.
Espanto como el que vivo, como el que muero, espanto.
De verme entre tantos y tantos momentos del infinito
en que el silencio y el grito son las metas de este canto.
Lo que nunca vi, lo que he sentido y lo que siento
hará brotar el momento…