jueves, 20 de noviembre de 2014

IN MEMORIAM (María Monvel, 1899-1936)




¡Muerta!, dicen los suyos, muerta dice la gente,
y muerta digo yo cuando la siento helada.
Y el sol alumbra como no pasara nada
y sigue el corazón marchitando indiferente.

No sé por qué no muero cuando beso su frente,
junto al mutismo trágico de su boca cerrada.
No sé por qué no muero si su cara adorada
no es ya más que la cáscara de su espíritu ausente.

Por no matarme, no entra loa certeza en mi pecho.
Es verdad que está muerta sobre su blanco lecho,
pero desde otro lado nos mira sonriendo.
Y en "aquel otro lado" quiero creer ansiosa,
mientras junto a sus labios una trémula rosa
que, de saberla muerta, también se está muriendo.

Quién de los dos la amó con un amor más cierto:
no fuiste tú sin duda que al fin la conseguiste.
Pues si tu amor creció, fué porque tú la hubiste,
que sin su amor tu amor de fijo habría muerto.

Yo no tuve esa dicha. Para mi amor despierto
no hubo nunca el alivio, porque el amor subsiste.
Y la amé, sin embargo, pobre corazón triste,
de esperanza y amor y alegría desierto.

Y me dices: " Arriba nos vemos". Es mía
para el eterno amor y la eterna alegría.
Y yo, herida, suspiro y suspirando callo.

"En el cielo no hay sexos". Y quizás lograría
que me quisiera tanto como yo la quería.
¡Y este es el triste y único consuelo que no hallo!

Yo creía adorarla. Pero no hubo bastante
amor en mí para su corazón divino.
La zahirió mil veces mi gesto interrogante
y mi torpeza nunca vislumbró en su destino.

La anestesia del dolor
me rinde el cuerpo, velándola.
¡Quién se quedará dormida
sobre aquellas mismas sábanas!.

Quién se quedará dormida
junto a su cara pálida,
de sus ojeras azules
y de su boca apretada.

El sueño cierra mis párpados.
Quiero un lugar en su cama
y bien pegada a su pecho
dormir en las mismas sábanas.

Amanece y con el día
su último lecho la aguarda:
como a un niño en la cuna
la sumergen en la caja.

La caja de fino cedro
para su cuerpo es tan ancha
que si me dejan también
me habría ido con ella.
Sobre la almohada de encajes
su palidez es más blanca.

Tuve sus dos manos perdidas de nuevo,
encontré el torrente de sus ojos claros,
escuché otra vez su palabra única,
mi corazón frío calentó en sus brazos.

Mi esperanza, como destrozado espejo,
zurció en un instante pedazo a pedazo ...
A su beso agudo pajes en acecho
vistieron de púrpura mis pálidos labios.

Trocó en rosa el ocre de las bambalinas.
Se llenó de súbita música argentina
el corazón muerto y desvencijado.
Vino luna nueva, audaz vengadora,
y cegó de un golpe de su hoz brilladora
la cabeza hirsuta de mi mal pasado.

¡Calla! Me acuerdo de nuevo
de esa voz que ya olvidé.
No deshagas el esfuerzo
heroico que derroché.

No me nombres si quiera.
No curé bien todavía.
¡Ciega! La venda es ligera,
si la rozas sangraría...

¿Mi frialdad? Es orgullo.
¿Sabes lo que puede en mi?
Canto como puede el suyo.
Por orgullo no morí.

¡Qué larga convalecencia!
No sano aún. Calla, pues.
Sangra mi herida otra vez
si presiente su presencia.

miércoles, 22 de octubre de 2014

TAN ENTREGADO ESTUVE YO (Pedro Prado, 1886-1952)



Tan entregado estuve yo a la muerte,
Tanto me despidiera de este mundo,
Que ya, sano otra vez, hoy me confundo
Al no saber gozar mi antigua suerte.

Me veo entre los hombres solo y fuerte,
Más sabio en el amor y más profundo
En el pensar; pero ¡ay!, a un moribundo,
Si regresa, no habrá quien le despierte.

Yo soy como un viajero defraudado,
Contemplando su barco que se aleja:
Todo él es un clamor y está callado.
Cuando mudo regreso, paso a paso,
Al recordar mi barco, aquel ocaso
Para siempre en mis ojos se refleje.

lunes, 6 de octubre de 2014

LA MESA DE LA TIERRA (Efraín Barquero, 1931)


 

 
 
 …No es una mesa, es una piedra. Tócala en la noche.
 
Tócala y pídele que vuelva a ser ella misma
 
porque si no existiera, no podríamos tocar
 
el sol con una mano y la luna con la otra.
 
Y comeríamos a oscuras como los ratones el grano.
 
(la mesa servida / La mesa de la tierra)
 

 
 
 …Si la mesa está puesta es que alguien va a venir.
 
No la has visto surgir de la oscuridad
 
iluminada sólo por el brillo de las copas
 
y el color de sal fresca de todas las mesas ?
 
Y es más bella que en el día más esperado
 
porque la ves con los ojos de un niño que ha crecido…
 
(la mesa servida / La mesa de la tierra)
 

 

martes, 16 de septiembre de 2014

ANTROPOLOGÍA CULTURAL (Alfredo Lavergne, 1951)


Los que huyen Los emigrantes 
Los expatriados
Los refugiados Los desterrados Los transmigrados
Y sus inventos
Hacen su aparición en el Viejo Mundo
En el Nuevo Mundo En el Nuevo Orden Mundial
Y en el año 90.000 después de J.C.
Un habitante subdesarrollado
De esa naturaleza Analítica o cientifista
Insistirá en las coincidencias
Entre ellos y nosotros.
Que nuestra cabeza es alta
Que nuestro cráneo está dividido en pequeñeces
De pómulos sobresalientes
De superciliar marcado
Y por la mandíbula y dientes de nuestro período
Especulará en la semejanza
Con las necesidades vitales de su sacerdocio.


lunes, 1 de septiembre de 2014

Canción a una muchacha ajedrecista muerta (Miguel Arteche, 1926-2012)

Llueve sobre el verano del tablero. 
En blanco y negro llueve sobre ti.
Nadie controla tu reloj: te espero
para jugar allí.

¿Tú mueves o yo muevo? Quién lo sabe.
Quién sabe si allá juega o juega aquí.
De pronto tu tablero es una nave
que te lleva y nos lleva hacia un jardín.

Hacia un jardín remoto de caballos
que inmóviles nos miran, y a un alfil
que negro lanza rayos, rayos, rayos,
y hace mil años que está de perfil.

Hacia un jardín remoto de tres torres
donde una dama blanca va hacia ti,
te llama a ti, y tú hacia ella corres
y no hay en ella fin.

Donde un peón ha roto ya los sellos
y te ciñe las sienes de marfil,
y un rey recoge ahora tus cabellos
para cubrir con ellos su país.

Hacia un jardín remoto al mediodía,
donde el agua se tiende en su dormir,
y ya no hay sed y nunca hay todavía
y hay un árbol de sol en el jardín.

Sólo que tú no estás. Y está la luna
cayendo interminable en el jardín
sobre las soledades de una cuna.
Y hay olor de silencio y de partir.

miércoles, 30 de julio de 2014

AFUERA SOBRE LOS LLAMPOS (Carmen Berenguer, 1946)

Marcial lamento de las horas 
transito por un rostro
sin marcas ni pliegues
simulando tus labios
ese gesto

Los ojos vueltos
en el viento escrito: Ondas
La mar pues bramando: Llama
al ojo que le sonríe
por el ojo que dice
al otro ojo
porque los ojos fueron sacados
mamita
para que nunca vieran


martes, 24 de junio de 2014

A FEDERICO GARCÍA LORCA (Ronald F. Finkenberger, 1986)


Era en él la cósmica alegría,
el alado corazón, la cascada cristalina
de jazmines el gentil perfume,
geranios luminosos de provincia.
Que llevaba el día en el cinto,
un trovador silvestre cantaría.
Que en él estaban la gracia y el genio
el dueño de las olas confesaría.
¡Ah! Mataron a Federico los fusiles
que a los niños dormían en Granada,
mataron a Federico y no hay quien quite
la sangre y el llanto en las guitarras de España.
Desiertas han quedado las plazas de Madrid,
el Guadalquivir cubierto de fuego en sus aguas,
porque el cisne más hermoso canto hasta morir
se desangran por la noche naranjas valencianas.
Ahora vaga radiante por entre flores azules,
con las que grillos honran su senda de plata.
Ahora está tan lejos, lejos, Generales traidores:
No hubo valiente que blandiera su espada.
Me inclino a tus ojos, secos ya en la tierra,
hermano de palomas, romántico gitano.
Me inclino a tu canto miedo de la guerra,
para que al fin puedas iluminar mi mano.
Desiertas han quedado las plazas de Madrid,
el Guadalquivir cubierto de fuego en sus aguas,
porque el cisne más hermoso canto hasta morir
se desangran por la noche naranjas valencianas.
¡Ah! Mataron a Federico los fusiles
que a los niños dormían en Granada,
mataron a Federico y no hay quien quite
la sangre y el llanto en las guitarras.