lunes, 18 de mayo de 2015

EL BAR DE LOS POBRES (Teófilo Cid, 1914-1964)




Hoy he ido a comer donde comen los pobres,
Donde el putrido hastío los umbrales inunda

Y en los muros dibuja caracteres etruscos,
Pues nada une tanto como el frío,
Ni la palabra amor, surgida de los ojos,
Como la flor del eco en la cópula perfecta.

Los pobres se aproximan en silencio.
Monedas son sus sueños
Hasta que el propio sol airado los dispersa
Para sembrarlos sobre el hondo pavimento.
En tanto, cada uno es para el otro
Claro indicio, fervor de siembra constelada.

Y en la pesada niebla de los hábitos
que en ráfagas a veces se convierten
De una muda erupcion
De alcohólica armonía,
yo siento que el destino nos aplasta,
Como contra una piedra prehistórica.

Pues somos los que pasan
Cuando los más abren los ojos claros
Al amplio firmamento
Que adunan los crepusculos antiguos.
El mundo es sólo el sol para nosotros,
Un sol que ha comenzado por besar las terrazas
De los barrios abstractos.

Masticamos sus migajas,
Sintiendo que un espasmo egoista nos mantiene,
Pues somos individuos, por más que a ciencia cierta
El nombre individual es sólo un signo etrusco.

En los que aquí mastican su pan de desventura
Un viejo gladiador vencido existe
Que puede aún llorar la lejanía,
Los menús elegir de la tristeza
Y darse a la ilusión de que, con todo,
Es un sobreviviente de la locura atómica.

Sentados en podridos taburetes
Ellos gastan los ultimos billetes
Vertidos por la Casa de Moneda.

Los billetes son diáfanos, decimos,
Carne de nuestra carne,
Espuma de la sangre.

Con billetes el mundo
Congrega sus rincones
Y parece mostrar una estrella accesible
Sin ellos, el paisaje es sólo el sol
Y cada cual resbala sobre su propia sombra.

Pero la Casa de Moneda piensa por todos
Y los billetes, ¡Oh encanto del bar miserable!
Nos suministra sueños congelados,
Menús soñados el dia desnudo de fama
Al levantar los vasos se produce el granito
Del brindis que nos une en un pozo invisible.

Alguien nos dice que el sol ha salido
Y que en el barrio alto
La luz es servidora de los ricos
¡La misma luz que fue manantial de semejanza!

Hoy he ido a comer donde comen los pobres
Y he sentido que la sombra es común
Que el dolor semejante es un lenguaje
Por encima del sol y de las Madres.

lunes, 13 de abril de 2015

ALGUNAS BESTIAS (Pablo Neruda, 1904-1973)

Era el crepúsculo de la iguana. 

Desde la arcoirisada crestería 
su lengua como un dardo 
se hundía en la verdura, 
el hormiguero monacal pisaba 
con melodioso pie la selva, 
el guanaco fino como el oxígeno 
en las anchas alturas pardas 
iba calzando botas de oro, 
mientras la llama abría cándidos 
ojos en la delicadeza 
del mundo lleno de rocío. 
Los monos trenzaban un hilo 
interminablemente erótico 
en las riberas de la aurora, 
derribando muros de polen 
y espantando el vuelo violeta 
de las mariposas de Muzo. 
Era la noche de los caimanes, 
la noche pura y pululante 
de hocicos saliendo del légamo, 
y de las ciénagas soñolientas 
un ruido opaco de armaduras 
volvía al origen terrestre. 
El jaguar tocaba las hojas 
con su ausencia fosforescente, 
el puma corre en el ramaje 
como el fuego devorador 
mientras arden en él los ojos 
alcohólicos de la selva. 
Los tejones rascan los pies 
del río, husmean el nido 
cuya delicia palpitante 
atacarán con dientes rojos. 

Y en el fondo del agua magna, 
como el círculo de la tierra, 
está la gigante anaconda 
cubierta de barros rituales, 
devoradora y religiosa.

viernes, 30 de enero de 2015

ODISEA (Victoriano Vicario, 1911-1966)



Aquí la luna es sólo una paloma,
Un lirio apenas de metal o piedra.
Crece la soledad y crece el vino,
Y la noche es un río de aguas lentas.
Para morir un dulce sol de abejas
Apenas conocido por el sueño,.
Apenas muerte azul, apenas lluvia,
Amor apenas vivo, apenas muerto.

Yo no podría en tu ciudad morirme
Entre tanta paloma cenicienta,
Entre tantos corceles moribundos
Y un solo ángel de arena.
Qué dorado orfeón arrastraría
La tarde antigua y las estatuas llenas
De tanto olvido y tanto mar de azufre?
¡Oh! dorado castigo de agua muerta.

Pero, violín perdido, dulce lirio
Quebrado en una euforia de ceniza.
Perdido afán del corazón sin eco
Entre violentos soles. La escondida
Tristeza asoma su linterna sorda.
Y es un ángel de nieve tu sonrisa.

martes, 20 de enero de 2015

RESURRECCIONES (Pablo Neruda, 1904-1973)



Si alguna vez vivo otra vez
será de la misma manera
porque se puede repetir
mi nacimiento equivocado.
y salir con otra corteza
cantando la misma tonada.

Y por eso, por si sucede,
si por un destino indosránico
me veo obligado a nacer,
no quiero ser un elefante,
ni un camello desvencijado,
sino un modesto langostino,
una gota roja del mar.

Quiero hacer en el agua amarga
las mismas equivocaciones:
ser sacudido por la ola
como ya lo fui por el tiempo
y ser devorado por fin
por dentaduras del abismo,
así como fue mi experiencia
de negros dientes literarios.

Pasear con antenas de cobre
en las antarticas arenas
del litoral que amé y viví,
deslizar un escalofrío
entre las algas asustadas,
sobrevivir bajo los peces
escondiendo el caparazón
de mi complicada estructura, 
así es como sobreviví
a las tristezas de la tierra.

sábado, 13 de diciembre de 2014

LA SOLEDAD Y EL HUMO (Victoriano Vicario, 1911-1966)



Tú no has sabido nada, pero la luz tan vieja me persigue
Y apenas hay alguna puerta, apenas,
Si tú me has dicho: el sol ha muerto.
Hay que encender linternas.
Nadie ha tenido tanto oro hoy día
Y tanta muerte. Llenas
Las manos de jazmines, me has besado
Y te has dormido entre mi voz, apenas

Si supieras como el mar me llama
Con sus cóleras grises y sus negras
Historias de naufragios, estarías
Modificando el sol, por una hebra
De soledad te arrimas a mi sombra
Y es un sollozo de ámbar tu melena.

Había tantos días para amarse
Y tantos soles rotos en la arena
Que te perdiste bajo un rubio esmalte
De caracoles musicales. Era
Mi antiguo amor la soledad, y estabas
Con un ángel y un ancla en la diestra.

Porque si el regresar hubiera sido para morir,
¿Qué río de aguas lentas me llevaría ahora?
Si tus manos no han conocido el lino ni la rueca
Mi corazón insomne te diría
Que se muere en el mar. Y muere apenas.



jueves, 20 de noviembre de 2014

IN MEMORIAM (María Monvel, 1899-1936)




¡Muerta!, dicen los suyos, muerta dice la gente,
y muerta digo yo cuando la siento helada.
Y el sol alumbra como no pasara nada
y sigue el corazón marchitando indiferente.

No sé por qué no muero cuando beso su frente,
junto al mutismo trágico de su boca cerrada.
No sé por qué no muero si su cara adorada
no es ya más que la cáscara de su espíritu ausente.

Por no matarme, no entra loa certeza en mi pecho.
Es verdad que está muerta sobre su blanco lecho,
pero desde otro lado nos mira sonriendo.
Y en "aquel otro lado" quiero creer ansiosa,
mientras junto a sus labios una trémula rosa
que, de saberla muerta, también se está muriendo.

Quién de los dos la amó con un amor más cierto:
no fuiste tú sin duda que al fin la conseguiste.
Pues si tu amor creció, fué porque tú la hubiste,
que sin su amor tu amor de fijo habría muerto.

Yo no tuve esa dicha. Para mi amor despierto
no hubo nunca el alivio, porque el amor subsiste.
Y la amé, sin embargo, pobre corazón triste,
de esperanza y amor y alegría desierto.

Y me dices: " Arriba nos vemos". Es mía
para el eterno amor y la eterna alegría.
Y yo, herida, suspiro y suspirando callo.

"En el cielo no hay sexos". Y quizás lograría
que me quisiera tanto como yo la quería.
¡Y este es el triste y único consuelo que no hallo!

Yo creía adorarla. Pero no hubo bastante
amor en mí para su corazón divino.
La zahirió mil veces mi gesto interrogante
y mi torpeza nunca vislumbró en su destino.

La anestesia del dolor
me rinde el cuerpo, velándola.
¡Quién se quedará dormida
sobre aquellas mismas sábanas!.

Quién se quedará dormida
junto a su cara pálida,
de sus ojeras azules
y de su boca apretada.

El sueño cierra mis párpados.
Quiero un lugar en su cama
y bien pegada a su pecho
dormir en las mismas sábanas.

Amanece y con el día
su último lecho la aguarda:
como a un niño en la cuna
la sumergen en la caja.

La caja de fino cedro
para su cuerpo es tan ancha
que si me dejan también
me habría ido con ella.
Sobre la almohada de encajes
su palidez es más blanca.

Tuve sus dos manos perdidas de nuevo,
encontré el torrente de sus ojos claros,
escuché otra vez su palabra única,
mi corazón frío calentó en sus brazos.

Mi esperanza, como destrozado espejo,
zurció en un instante pedazo a pedazo ...
A su beso agudo pajes en acecho
vistieron de púrpura mis pálidos labios.

Trocó en rosa el ocre de las bambalinas.
Se llenó de súbita música argentina
el corazón muerto y desvencijado.
Vino luna nueva, audaz vengadora,
y cegó de un golpe de su hoz brilladora
la cabeza hirsuta de mi mal pasado.

¡Calla! Me acuerdo de nuevo
de esa voz que ya olvidé.
No deshagas el esfuerzo
heroico que derroché.

No me nombres si quiera.
No curé bien todavía.
¡Ciega! La venda es ligera,
si la rozas sangraría...

¿Mi frialdad? Es orgullo.
¿Sabes lo que puede en mi?
Canto como puede el suyo.
Por orgullo no morí.

¡Qué larga convalecencia!
No sano aún. Calla, pues.
Sangra mi herida otra vez
si presiente su presencia.

miércoles, 22 de octubre de 2014

TAN ENTREGADO ESTUVE YO (Pedro Prado, 1886-1952)



Tan entregado estuve yo a la muerte,
Tanto me despidiera de este mundo,
Que ya, sano otra vez, hoy me confundo
Al no saber gozar mi antigua suerte.

Me veo entre los hombres solo y fuerte,
Más sabio en el amor y más profundo
En el pensar; pero ¡ay!, a un moribundo,
Si regresa, no habrá quien le despierte.

Yo soy como un viajero defraudado,
Contemplando su barco que se aleja:
Todo él es un clamor y está callado.
Cuando mudo regreso, paso a paso,
Al recordar mi barco, aquel ocaso
Para siempre en mis ojos se refleje.