sábado, 16 de enero de 2016

COSAS (Patricia Mardones, 1951)






Mi lápiz solo
escribe
palabras que yo no he dicho.

El papel se borra
a veces
y aparecen flores secas.

Mi cigarrera ríe
cuando llueve la nostalgia;
en playas que no he pensado,
me pierden
mis botas negras.

El reloj falsea voces
y, desde la tapa de un libro,
sin hojas,
se lee mi nombre inverso.

sábado, 5 de diciembre de 2015

TODOS QUEREMOS NAVEGAR (Neftalí Agrella, 1896-1957)



Entre oblicuas linternas que rayan singladuras
el piloto desdobla el tapiz de los viajes
desde polos de yeso hasta los ecuadores
que zarpan cargados de frutas maduras.

Y los barcos se llevan en sus ramas sin hojas
enredadas como serpentinas
las músicas marinas
hasta el borde azul de las extensas radas
Ahora
            frente al puerto
ha venido a quedar anclado el ARCO IRIS
con el casco pintado de siete colores

lunes, 9 de noviembre de 2015

LA SOLEDAD Y EL HUMO (Victoriano Vicario, 1911-1966)




Tú no has sabido nada, pero la luz tan vieja me persigue
Y apenas hay alguna puerta, apenas,
Si tú me has dicho: el sol ha muerto.
Hay que encender linternas.
Nadie ha tenido tanto oro hoy día
Y tanta muerte. Llenas
Las manos de jazmines, me has besado
Y te has dormido entre mi voz, apenas

Si supieras como el mar me llama
Con sus cóleras grises y sus negras
Historias de naufragios, estarías
Modificando el sol, por una hebra
De soledad te arrimas a mi sombra
Y es un sollozo de ámbar tu melena.

Había tantos días para amarse
Y tantos soles rotos en la arena
Que te perdiste bajo un rubio esmalte
De caracoles musicales. Era
Mi antiguo amor la soledad, y estabas
Con un ángel y un ancla en la diestra.

Porque si el regresar hubiera sido para morir,
¿Qué río de aguas lentas me llevaría ahora?
Si tus manos no han conocido el lino ni la rueca
Mi corazón insomne te diría
Que se muere en el mar. Y muere apenas.

lunes, 28 de septiembre de 2015

AGUA SEXUAL (Pablo Neruda, 1904-1973)

 
RODANDO a goterones solos,
a gotas como dientes,
a espesos goterones de mermelada y sangre,
rodando a goterones
cae el agua,
como una espada en gotas,
como un desgarrador río de vidrio,
cae mordiendo,
golpeando el eje de la simetría, pegando en las costuras del alma,
rompiendo cosas abandonadas, empapando lo oscuro.

Solamente es un soplo, más húmedo que el llanto,
un líquido, un sudor, un aceite sin nombre,
un movimiento agudo,
haciéndose, espesándose,
cae el agua,
a goterones lentos,
hacia su mar, hacia su seco océano,
hacia su ola sin agua.

Veo el verano extenso, y un estertor saliendo de un granero,
bodegas, cigarras,
poblaciones, estímulos,
habitaciones, niñas
durmiendo con las manos en el corazón,
soñando con bandidos, con incendios,
veo barcos,
veo árboles de médula
erizados como gatos rabiosos,
veo sangre, puñales y medias de mujer,
y pelos de hombre,
veo camas, veo corredores donde grita una virgen,
veo frazadas y órganos y hoteles.

Veo los sueños sigilosos,
admito los postreros días,
y también los orígenes, y también los recuerdos,
como un párpado atrozmente levantado a la fuerza
estoy mirando.

Y entonces hay este sonido:
un ruido ro¡o de huesos,
un pegarse de carne,
y piernas amarillas como espigas juntándose.
Yo escucho entre el disparo de los besos,
escucho, sacudido entre respiraciones y sollozos.

Estoy mirando, oyendo,
con la mitad del alma en el mar y la mitad del alma en la tierra,
y con las dos mitades del alma miro el mundo.

Y aunque cierre los ojos y me cubra el corazón enteramente,
veo caer agua sorda,
a goterones sordos.
Es como un huracán de gelatina,
como una catarata de espermas y medusas.
Veo correr un arco iris turbio.
Veo pasar sus aguas a través de los huesos.

domingo, 16 de agosto de 2015

OBSESIÓN DEL MATRIMONIO PROVINCIANO (Pablo de Rokha, 1894-1968)

Con hachazos bandera, de océano, de manzana,

por adentro resplandeciendo, infinito de absoluto y gran aurora,
a soledad incendiada oliendo, o sonando
con espantoso lamento de águila o máquina de cementerio a la orilla del
mundo,
así, rompiendo tus entrañas, penetrándote.

Tú y tu flor de muchacha, aquí, conmigo.
en piedra, en visceras, en hierro y eternidad abrazándonos,
contra y cuando en ese límite braman las palomas
y la violeta saca la espada de dios, entre los corsarios enfurecidos,
porque el clima del siglo suda a pólvora,
y yo, directo y sin esperanza, tronando con árbol y todo, como un 
regimiento de 
espaldas,
te esgrimo sobre el hombre, con la sociedad al hombro. Gimiéndote, 
besándote, lamiéndote, 
llorándote,
únicamente por ti y en ti relampagueando con relámpagos de montaña, 
anhelando, con beso 
eterno, esculpirte.
Es tu música, es tu número, querida,
y la línea melódica de tu acento incomparable,
quien emerge de entre valientes amapolas,
superando los espantos encadenados, su ámbito y su látigo, como de
culebras,
y el horror del himno, Winétt de laurel y tormento.

Todavía la infinita sensación, la cuchilla, la cadena, la rendija del sol,
gritando,
aquella tal palanca, que, enormemente, dura y puja rugiendo, con trabajo
desesperado de agonía, sin mástiles, arrodillado a tus riberas, arranco los años, 
los potros de los años,
entonces los sujeto con frenos tremendos, y escribo para comparar la 
eternidad a una laguna en la cual lo que fué revive, retorna, renace, circulando.

Tu juventud soñadora y sanguinaria de virgen silvestre o ídolo, alimentándose 
de terrores, construyó su mito y su signo, a expensas de esta materia soberbia, que, 
entre pecho y espalda, se me subleva, y yo satisfice tu ensueño, despedazándome, 
(¡despedazándome!), construyéndote un universo con las migajas ensangrentadas,
mujercita y
azucena,
para tu ser infantil matando toros rojos.

Cosecha de vino amarillo, con estampidos que maduran, agua de fuego, a cuya
presencia de esmeraldas derretidas, acuden los pája¬ros muertos contra muertos 
atardeceres, he ahí que te lamen estos mares, con su actitud de perros de miedo y oro,
amiga.

Contra el invierno que levanta su muralla de árboles desventurados, y te enfría 
la espalda, echando plumas de agua y suspiros a esa inmensa
atmósfera romántica,
enarbolo tu luz preciosa y morena de entonces,
haciendo poema tu belleza, escribiéndola en las arenas aventureras,
haciendo estatuas de agua de ansia,
haciendo edificios de energía, monumentos de esperanza, imágenes, religión, 
Dios, la guerra eterna,
levantando tu figura, más allá del tiempo y del espacio, heroicamente, gritando 
y tocando la trompeta en las tinieblas,
encima del ejército de cenizas, en el cual resplandece una gran cabeza
de muerto.

Así, criatura de estaño, como volando entre espadas.

Recoge los últimos mitos, como quien recibe sangre y muerte en la boca, 
o como duraznos de pulpa santa.

Autónomo, tremendo, dinámico,
ya asoman las auroras 

sábado, 25 de julio de 2015

BELLA DURMIENTE SIGLO XX (Jorge Teillier, 1935- 1996)



Elle avoit eu le temps de songer..."Charles Perrault.
¿En qué soñaba la Bella Durmiente 
en su sueño que duró cien años?
¿Soñaba con la música muda
de los polvorientos oboes,
o con el hervir de las ollas
que las cocineras descuidaban?

¿Soñaba con los trabajos 
de su hermana la Primavera 
que sin esfuerzo le preparaba 
el encaje de los duraznos 
para su boda interminable? 
¿O con aquellos dedales de oro 
que ella olvidó entregarle 
para que la amaran las agujas?

Tal vez soñaba que era una cierva 
y que el cocinero piadoso 
la hería para salvar a una nuera de una Ogresa. 
O soñaba que su hijo era el día 
y que la aurora era su hija 
y que su abuelo era el tiempo 
que pretendía devorarlos.

Tal vez soñaba con bosques 
donde no habrá ardillas ni lobos, 
ni príncipes que pierden su camino 
ni niños que crean en hadas.

Tal vez soñaba con los tiempos 
donde se preguntará qué es un pájaro 
y donde la luna será sólo 
una moneda inservible.

Amigo, no preguntes nunca
en qué soñaba la Bella Durmiente, 
que este refrán te lo recuerde:
no hay mejor despertar que el sueño.

sábado, 4 de julio de 2015

YO CANTO LO QUE TÚ AMABAS (Gabriela Mistral, 1889-1957)


      Yo canto lo que tú amabas, vida mía,
      Por si te acercas y escuchas, vida mía,
      Por si te acuerdas del mundo que viviste,
      Al atardecer yo canto, sombra mía.
      Yo no quiero enmudecer, vida mía.
      ¿Cómo sin mi grito fiel me hallarías?
      ¿Cuál señal, cuál, me declara, vida mía?
      Soy la misma que fue tuya, vida mía.
      Ni lenta ni trascordada ni perdida.
      Acude al anochecer, vida mía;
      Ven recordando un canto, vida mía,
      Si la canción reconoces de aprendida
      Y si mi nombre recuerdas todavía.
      Te espero sin plazo ni tiempo.
      No temas noche, neblina ni aguacero.
      Acude con sendero o sin sendero.
      Llámame a donde tú eres, alma mía,
      Y marcha recto hacia mí, compañero.